
ENSXXI Nº 120
MARZO - ABRIL 2025
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Un siglo de historia notarial en Alcalá de Henares: de los Azaña a Diego Hidalgo Durán (*)

Notario de Alcalá de Henares (Madrid)
placidobarrios@notariado.org
Una cuestión previa: ¿desaparecieron los protocolos alcalaínos en el incendio de 1939?
Aprovechando las visitas al Archivo Regional en Madrid, donde se custodian los protocolos centenarios, he indagado sobre los de Alcalá de Henares allí depositados.
Como el lector interesado sabrá, el Archivo se encuentra provisionalmente en las antiguas instalaciones de la fábrica de cervezas El Águila, calle Ramírez de Prado, 3. Y digo provisionalmente porque hace muy poco se ha solventado una anomalía histórica, nunca mejor dicho, ya que la Orden Ministerial de 14 de enero de 2025 (1) ha creado el Archivo Histórico Provincial de Madrid que integrará todos los fondos documentales de esa Sección Histórica del Archivo de Protocolos. Dado que se prevé la construcción de un nuevo edificio ad hoc, sería deseable que el antiguo inmueble de Alberto Bosch volviese a nuestro Colegio Notarial.
Pero en Madrid no están todos los alcalaínos. En el año 2014 se llevaron desde Alcalá los de más de 100 años si bien solo los fechados entre mediados del siglo XIX y 1914. Y los anteriores, ¿dónde están?
El cronista de la ciudad, V. Sánchez Moltó, creía que en el malhadado incendio del Archivo General Central de Alcalá de Henares, iniciado en la tarde del 11 de agosto de 1939, se habían quemado todos los que había desde el siglo XVI hasta principios del XIX (2).
Ocurrió que los protocolos se encontraban a la altura de 1932 en el edificio del Juzgado y Prisión de Partido judicial (actual Museo Arqueológico Regional) y entre junio y julio de ese año fueron llevados al cercano Archivo General Central (en el actual Palacio Arzobispal) debido a unas obras que se ejecutaban en esa Prisión. La idea es que ese traslado fuese temporal para llevarlos acto seguido a Madrid. Mas nunca llegarían a destino pues, como queda dicho, esos fueron pasto de las llamas.
“Gregorio Azaña merecería pasar a la historia notarial complutense por haber autorizado el 12 de enero de 1851 la escritura de obligación y compromiso que dio origen a la Sociedad de Condueños, salvando así el patrimonio de la Universidad de Alcalá”
Tras varias visitas in situ he podido confirmar en gran parte lo a mí manifestado por el cronista, pues efectivamente solo se conservan algunos en el Archivo Municipal, al que luego me referiré, y otros en el actual Archivo General de la Administración (AGA) en el fondo del antiguo Corregimiento de Alcalá. Agradezco a su jefe de referencias, Daniel Gozalbo (3), el haberme facilitado el acceso a las respectivas actas de entrega y de depósito de 1932 de las que incorporamos copia parcial (4). La primera, de 18 de junio de 1932, lleva la firma el entonces notario-archivero del distrito, Carlos Vigil de Quiñones y Alfaro, recepcionándolos el director del Archivo Histórico Nacional, Miguel Gómez del Campillo.
Los que existen, una ínfima parte de los totales, son legajos sueltos, muchos de diligencias judiciales muy seguramente de litigios en curso. No hay que recordar que muchos documentos notariales han aparecido en archivos no notariales como unidos a un pleito. Teóricamente esos documentos debían ser copiados ad hoc por el escribano actuario y devueltos al litigante, más no siempre fue así y quizás por ello afortunadamente los conservamos.
Ad exemplum, el fondo notarial más antiguo de los aparecidos en Castilla lo conserva la Real Chancillería de Valladolid por una contienda entre un monasterio y un señor del lugar: se trata del registro del escribano de Castrillo-Tejeriego, Gonzalo Pérez, de entre los años 1334-1335, que adelanta en unos años al considerado hasta ahora más antiguo, el de Ágreda (Soria) de 1338 (5).
De otro lado y como dijimos, en el Archivo Municipal de Alcalá de Henares, aparte de los posteriores a 1915, hay distintos legajos, no muchos, de documentación notarial anterior bajo el epígrafe genérico Escribanías. En modo alguno obedecen al criterio temporal ordenado propio de un protocolo notarial strictu sensu.
Por ejemplo, la signatura 860/1 del apartado testamentarías incluye testamentos desde 1554 a 1793, con saltos temporales constantes y sin relación entre ellos. Me llamó la atención que aparecen separados unos de otros a medio de impresos oficiales del ayuntamiento alcalaíno. Algunos, singulares, como los relativos al número de campanadas de aviso en el caso de incendio en la ciudad u otros, de 1869, del empadronamiento electoral que recoge en su encabezamiento las palabras sufragio universal, permitido entonces por primera vez, eso sí, solo el masculino.
Diego Hidalgo Durán
Dentro del distrito notarial alcalaíno estaba la plaza de Pozuelo del Rey, hoy amortizada. En ella estuvo ejerciendo Diego Hidalgo Durán, ministro de la Guerra en la II República. Con el tiempo él se trasladaría a Getafe y de allí a Madrid. En Alcalá tenemos sus protocolos desde 1922 hasta la Guerra Civil. Entonces el distrito notarial aparecía con tres notarías demarcadas: la propia Alcalá, Vicálvaro y Pozuelo del Rey.
Hidalgo ingresó en 1911 en Moraleja del Vino (Zamora). Allí recorría el distrito “con una tartana y un caballo”. En 1915 pasó a Corrales del Vino. Desde 1918 a 1922 estaría en situación de excedencia, reingresando en el cuerpo precisamente en Pozuelo del Rey. Desde 1930 se desempeña en la política activa dentro del Partido Republicano Radical, llegando al ministerio en 1934. Previamente, de diputado, participó activamente en la Comisión parlamentaria donde se debatía la reforma agraria, coincidiendo con otro notario agrarista, Juan Díaz del Moral (6).
Al comienzo de la Guerra hubo de exiliarse en París, tras estar escondido un cierto tiempo en Valencia donde se encontraba el 18 de julio por una boda (7), volviendo en julio de 1939. Para huir, en abril de 1937, se valió de una cédula de identidad a nombre de un comerciante de medias de seda llamado Antonio Barbado, que le cedió su identidad, salvándole así muy seguramente la vida.
“Diego Hidalgo Durán, ministro de la Guerra en la II República, ejerció como notario en Pozuelo del Rey y vivió el exilio durante la Guerra Civil, valiéndose de una identidad falsa para escapar”
Reincorporado a la profesión en marzo de 1940, ejercería brevemente, apenas nueve meses, en Tarragona, pidiendo de nuevo la excedencia en diciembre de ese mismo año para dedicarse a la actividad de abogado y a sus negocios y ya en 1952 pasaría a ser notario de Getafe y, desde 1955, en Madrid con despacho en la calle Felipe IV, 9, principal (8).
Al reingresar en 1939 sufriría un expediente de depuración previo al reingreso en la carrera por mor de la Ley de 10 de febrero de 1939 (9) que fijaba las normas para depuración de los funcionarios públicos. Se aplicaba mayormente a aquellos que quedaron en la “zona roja”. Como me comentara A. Pérez Sanz, no todos los notarios madrileños quisieron o pudieron pasarse a la otra zona y por ello hubieron de afrontar ese expediente.
Pienso que lo sufrió como tal funcionario y no por su cargo ministerial, no en vano, el partido en el que militó no figuraba en modo alguno en la órbita del Frente Popular, al que por el contrario este lo calificaba de derechista, criticándole por la represión de Asturias en 1934 y él, desde su época ministerial, mantuvo buenas relaciones con Franco (10).
Por otro lado, fue autor del conocido libro “Un notario español en Rusia”, fruto de su viaje de septiembre de 1928. Un libro que conoció varias ediciones y del que se dijo que tenía el estilo riguroso y llano de las actas notariales. No comparto ese aserto pues el autor no evita “juicios de valor”, claramente alejados de la práctica notarial en materia de actas. Veamos algunos ejemplos. A propósito de la Guerra de Independencia, escribe:
“…vencimos al coloso, y (que) nos dio tanta fama, tanta gloria y que… atrasó cien años nuestro progreso, apartándonos de Europa y aislándonos en nuestra bella península, para quedar durante todo un siglo sometidos a la intransigencia de nuestros frailes, de nuestros monarcas y de nuestros cortesanos…” (11).
Y del notariado en general:
“Y en España los notarios deberíamos tener presente que nuestra profesión no puede tener siempre iguales normas… Aquello de renovarse o morir es principio que abarca todas las profesiones humanas, y el notario tiene que arrojar todavía de sí mucho lastre inútil… ni todos los notarios… son de la misma clase. Tú sabes bien que en el notariado hay desde arzobispos de Toledo hasta curas de aldea…” (12).
La notaría de Pozuelo del Rey
El caso de esta notaría, Pozuelo del Rey, merece ahora nuestra atención. Desde los años 50 del siglo XX, he constatado la abultada diferencia de numeración entre Alcalá de Henares y Pozuelo del Rey. Lo cual resulta sorprendente porque era y sigue siendo su población mucho menor en comparación (en 1960, 25.123 habitantes frente a 396, según datos del INE).
Así, en ese mismo año, 1960, si en Alcalá se autorizaron 1.727 números, en Pozuelo fueron 9.225 (13). La razón de esa abultada diferencia es que se actuaba en un inmenso territorio.
Por ejemplo, en el segundo semestre de 1923 el notario mencionado, Hidalgo Durán, firmó en Pozuelo del Rey, Valdilecha, Campo Real, Loeches, Algete, Ambite, Torrejón de Ardoz, “Las Ventas del Espíritu Santo, término de Canillas” o en el “Barrio de Nueva Numancia, término de Vallecas”, todo eso sí, a la sazón, dentro del partido de Alcalá de Henares. Tengamos en cuenta que ese partido judicial llegaba por el Oeste hasta el curso del arroyo Abroñigal, la actual M30.
Años más tarde, el notario de esa misma plaza, Ignacio Méndez de Vigo tenía ya despacho abierto en Vallecas, concretamente en la Avenida de José Antonio, 1, según habilitación de la Junta Directiva de 12 de julio de 1950 (14). Desde 1968 le encontramos en San Fernando de Henares y ello porque en la demarcación notarial de 1967 -Decreto 2357/1967, de 21 de septiembre (15)- se había creado esta plaza y la de Torrejón de Ardoz.
“El fondo notarial más antiguo de Castilla, del escribano Gonzalo Pérez (1334-1335), se conserva en la Real Chancillería de Valladolid, adelantándose al de Ágreda (Soria) de 1338”
El artículo 3 del Decreto disponía: “Se demorará la provisión de la última de las Notarías creadas en Madrid (fueron 40) mientras se mantenga la Jurisdicción sobre el término de Vallecas de la Notaria de Pozuelo del Rey, que se traslada por esta Demarcación a San Fernando de Henares”. Y su artículo 13 rezaba:
“Cuando en un Distrito notarial, por traslado de la sede de la Notaría, se cree una nueva y resulte suprimida la trasladada, el titular de ésta cambiará su residencia al lugar de la creada por la Demarcación en el plazo de un año. Lo dispuesto en el párrafo anterior será de aplicación a los casos siguientes: Abarán (de Blanca, tercera); Barbate (de Vejer de la Frontera, segunda); Cabezón de la Sal (de Cabuérniga, tercera); Cambrils (de Montroig, tercera); Cantalapiedra (de Cantalpino, tercera); Cistierna (de Riaño, tercera); Espinar, El (de Carbonero el Mayor, tercera); Fabero (de Vega de Espinareda, tercera); Linares de Riofrío (de Sequeros, tercera); Nerja (de Torrox, tercera); Puenteceso (de Tella, tercera); Robla, La (de La Vecilla, tercera); San Fernando de Henares (de Pozuelo del Rey, tercera); Torreblanca (de Villafamés, tercera); Vecindario (de San Bartolomé de Tirajana, tercera), y Villacañas (de Lillo, tercera)”.
Haciendo ahora un salto temporal hacia atrás, abusando con ello de la paciencia del esforzado lector, viajemos hasta mediados del siglo XIX para conocer a los siguientes protagonistas.
Los escribanos Azaña
En razón a mi actual destino profesional, he de confesarlo, me he sentido atraído, en cuanto supe de su existencia, por los escribanos Azaña, Esteban Azaña Hernández (n. 1781) y su hijo, Gregorio Azaña Rajas (n. 1822), quienes ejercieron como tales del número durante un largo período del siglo XIX, aproximadamente desde 1847 hasta 1870. Esteban falleció el 27 de septiembre de 1856 conviviendo con su hijo en la escribanía desde 1850 (16).
Según testimonio familiar, la notaría de Gregorio estaría en la calle Nueva, 10 (donde está la Mutual Complutense) muy próxima a la casa familiar de la calle de la Imagen, 5 (antes, 3). Esta casa familiar (17) fue incautada tras la Guerra Civil hasta 1949, llegando a ser sede de la Falange desde 1939 hasta su devolución.
Esteban fue activo políticamente: en 1813 y 1814 era secretario del primer Ayuntamiento constitucional y en 1820 le cupo en suerte proclamar de nuevo la Constitución de 1812.
También lo sería Gregorio, quien en 1854 y 1855 sería comandante del batallón de infantería de la progresista Milicia Nacional complutense (18) y a buen seguro transmitiría a su nieto (19) , Manuel Azaña Díaz, futuro Presidente de la II República, la tradición liberal de la familia y de la que ambos, Gregorio y Esteban, fueron exponentes en la ciudad, opuestos por ende a la ideología carlista (20).
“La notaría de Pozuelo del Rey, con una población mucho menor que Alcalá, llegó a autorizar 9.225 escrituras en 1960, debido a su amplio territorio que incluía localidades como Vallecas y Torrejón de Ardoz”
Gregorio merecería pasar a la historia notarial complutense por haber autorizado el 12 de enero de 1851 (21) la escritura de obligación y compromiso en virtud de la cual por una serie de vecinos se procedió a “la compra de los edificios que fueron Universidad…”. Nacía así la llamada Sociedad de Condueños, primer esfuerzo colectivo en España para defender un patrimonio, la universidad cisneriana, que efectivamente salvó para la posteridad pues, de otro modo, se hubiese perdido irremediablemente.
El hijo de Gregorio, Esteban Azaña Catarineu (segundo de la familia con ese nombre), padre de Manuel, si bien no siguió la tradición escribanil fue alcalde de la ciudad y autor de la Historia de la ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto), publicada entre 1882 y 1884, y como homenaje se rebautizó con su nombre la mencionada calle Nueva. Tras la Guerra Civil se le retiró el nombre. Hubo que esperar a 1979 para que a la antigua Travesía de dicha Calle se la nombrara como Esteban Azaña.
Desgraciadamente los cambios nominales no acabarían ahí: provenía la familia Azaña de un pueblo homónimo de Toledo, cuyo topónimo, tras la Guerra Civil, pasó a ser el de Numancia de la Sagra, por el regimiento que la tomó y el de la comarca donde se encuentra.
Los inicialmente citados Esteban y Gregorio no serían, con todo, los primeros escribanos pues el padre de Esteban, Nicolás (22), lo fue igualmente en nuestra ciudad desde 1787, al igual que su tío Miguel. Estos dos a buen seguro han de merecer un estudio detallado ulterior, aunque la pérdida de los protocolos de su época por el mencionado incendio de 1939 lo hará más difícil.
En el AGA apenas encontramos documentos de ambos y en todo caso y como dijimos, en forma de legajos sueltos. La fecha extrema de Nicolás sería 1799 y de Miguel, 1804 (23). En otra signatura que incluye el año 1796 coinciden igualmente ambos escribanos (24).
Por lo demás se ha querido justificar en la tradición notarial de su familia (25), la decisión de Manuel Azaña de opositar en 1909 a auxiliar de la Dirección General de los Registros y del Notariado.
Con el tiempo ascendería de categoría llegando en 1926 a oficial jefe de sección del Cuerpo Técnico de Letrados (de nueva creación), al cargo del Registro Civil y Registros especiales. En el Anuario de la DGRN de 1929 aparece como Oficial Jefe de Sección, Segundo, siendo Primero/s:
Jerónimo González Martínez y Casto Barahona Holgado
El último sería Director General en 1933 y 1934 y el primero llegaría a Presidente de la Sala Primera del Tribunal Supremo en la Segunda República. En 1937 fue detenido en Gijón siendo encarcelado durante varios días. Azaña escribiría sobre ello en sus Memorias el 7 de septiembre de 1937:
“Sánchez Román me ha dado la noticia, que me alegra, de que nuestro antiguo compañero, D. Jerónimo González, presidente de una Sala del Supremo, está vivo en Asturias” (26).
Al final, en 1940, tras un duro expediente de depuración (en la que la amistad con Azaña no ayudó a buen seguro) sería rehabilitado en su puesto de la Dirección General, ejerciendo de Subdirector entre 1942 y 1945.
Llegamos a término en nuestro estudio, breve y modesto, que iniciamos con Diego Hidalgo, personaje singular, para al final constatar la relevancia en esta ciudad de los antepasados de Manuel Azaña, saga de escribanos que durante tres generaciones ocuparon un puesto muy importante en la no menos relevante historia notarial alcalaína.
(*) El embrión de este artículo fue una comunicación presentada por el autor en el XVIII Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, celebrado en Alcalá de Henares, 28 de noviembre/1 de diciembre de 2024, si bien el material del mismo es mayormente inédito.
(1) BOE de 17 de enero.
(2) Sobre el incendio del Archivo vide SAN LUCIANO, J. M., El incendio y destrucción del Archivo Gene-ral Central de Alcalá de Henares, 1939, Alcalá de Henares, 2009.
(3) Jefe del departamento de referencias del AGA, cuya sede se encuentra igualmente en la ciudad cervantina, siendo heredero del meritado Archivo General Central.
(4) Inéditas, hasta entonces. Ministerio de Cultura, AGA, fondos Ministerio de Educación –por entonces Instrucción Pública y Bellas Artes– [05]001.003, caja 31/05143).
(5) RUIZ ALBI, I., “Testamentos e inventarios de bienes de Martín Gutiérrez, mercader de Salamanca, y su mujer, Isabel Gutiérrez (1504)”, en La desigualdad económica en España (siglos XIV-XVII), Madrid, 2024, pp. 371-372.
(6) Autor de la Historia de las agitaciones campesinas andaluzas de 1929.
(7) De Elena, la hija de su correligionario y ex presidente, Ricardo Samper. La boda fue el viernes 17 y él tenía prevista la vuelta, a la postre abortada, en un tren por la noche del 18 al 19.
(8) Para todo, LÓPEZ, E., et alii, Diego Hidalgo, memoria de un tiempo difícil, Madrid, 1986, pp. 53-68 y 237-247.
(9) BOE de 14 de febrero.
(10) Promovió su ascenso a general de División en 1934: “en la primera y única vacante de General de División durante mi permanencia en el Ministerio…ascendí al general Franco” (HIDALGO DURÁN, D., ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra?, edic. de Madrid, 2015, p. 85).
(11) Página 101, edic. de Madrid, 1985.
(12) Idem, p. 176.
(13) Según datos del Anuario de la DGRN solo aparecen entonces esas dos notarías en el distrito.
(14) Guía Oficial del Ilustre Colegio Notarial de Madrid, año 1951, p. 21. En 1966 tenía su despacho en “Monte Igueldo, 1, Puente de Vallecas” como figuraba al pie de la carpeta de una copia de escritura autorizada entonces en Loeches que ha llegado a mis manos.
(15) BOE de 9 de octubre.
(16) Desde 1862, hubo dos notarías en Alcalá de Henares, frente a las siete actuales Después de la capital, con 216, hoy es la plaza con mayor número de notarías demarcadas en el Colegio Notarial.
(17) Es un gran edificio de bella factura y sabor castellano que cuenta con el típico patio central alca-laíno rodeado de columnas de traza renacentista. Pude visitarlo por gentileza de Mª José Navarro Aza-ña, sobrina nieta del político.
(18) LINAGE CONDE, A., “El jardín de los frailes, en la realidad y en el recuerdo”, Literatura e imagen en El Escorial, actas del Simposium, 1996, p. 1020.
(19) Con quien este solía pasear de pequeño por el Chorrillo alcalaíno (JULIÁ, S., Vida y tiempo de Manuel Azaña, 1880-1940, Madrid, 2018, p. 16).
(20) Idem, …p. 17.
(21) AHP de Madrid, escribano de Alcalá, Gregorio Azaña, t. 45.619, ff. 36r-56r.
(22) He visto un documento de 1799 en los que Nicolás se intitula como “escribano del número del Ilustre Ayuntamiento de esta ciudad de Alcalá” (AGA, 44, 14018, 0016).
(23) ibídem, 44, 14018, 0016.
(24) idem, 44, 14010, 0002.
(25) SÁNCHEZ MOLTÓ, M. V., Alcalá Azaña, Alcalá de Henares, 2020, p. 23.
(26) AZAÑA DÍAZ, M., “Memorias políticas y de guerra”, en Obras Completas, tomo IV, México, 1966, p. 767.